Las líneas que siguen se han escrito a partir de la motivación que ha despertado la lectura del articulo “La razón absoluta y su objetivación en Bolivia” de Mario Blacutt Mendoza. Aquella, una secuencia clara de ideas sintéticas que inducen a una abstracción que aleja de toda comprensión de los hechos reales. Ahora, sigue, no una iluminación excepcional, sólo, algunas reseñas necesarias para evadir agravantes en la confusión ya existente en el debate sobre lo nacional.
Aclaremos y recordemos, primero, el significado y contenido de la categoría hegeliana de “Espíritu Absoluto”. Una categoría que resulta de un sistema filosófico que interpreta la historia como un proceso de evolución cíclica, dialéctica, en el que se define el destino de las formas sociales y subjetivas de los hombres. En esta historia evolutiva se llega a la cúspide, al momento más elevado, cuando el “Espíritu Absoluto” se encuentra a sí mismo en el Estado. Cuando el espíritu se objetiva en el Estado. Se hablaría pues del fin de la historia, del punto más avanzado y evolucionado de la historia. Desde la visión idealista de Hegel se llegará a este momento porque "una voluntad divina rige poderosa el mundo" y tiene "un fin universal". En términos más coloquiales diríamos que el Estado es dirigido por Dios para lograr su forma perfecta. Así, al leerse “la nación boliviana consolidad autonómica es la objetivación el Espíritu Absoluto”, se esta leyendo que el Estado Boliviano Autonómico es el que Dios ha buscado. Se dice que el Estado ha alcanzado su forma perfecta, que se habría llegado a una suerte de edad de oro para la sociedad. Se nos esta diciendo que los estatutos autonómicos son la expresión de una razón que ha logrado encontrarse a si misma, una suerte de texto divino inspirado por el Espíritu Absoluto para instaurar un Estado omnipotente. "El Estado, las leyes y las instituciones son suyas; suyos son los derechos, la propiedad exterior sobre la naturaleza, el suelo, las montañas, el aire y las aguas, esto es, la comarca, la patria.” No podemos dudar de una razón humana que ha logrado su más alta expresión encontrando a Dios. ¡Alegrémonos, sucedió en Santa Cruz!
Algo similar fue propuesto por los indigenistas y seguidores del MAS, hace algunos meses, aunque sin sofisticación intelectual, cuando anunciaron el advenimiento del Pachakuti. La reconstitución del mundo andino como retorno al tiempo original.
Entonces, según las afirmaciones de Blacutt, con las autonomías la razón se ha encontrado a sí misma, lo que supone que toda contradicción ha quedado resuelta. ¿Es posible que alguien crea que es este el significado de la autonomía en Bolivia? Acaso, además de las contradicciones regionales, que no expresan más que intereses de fracciones sociales y grupos políticos, no existen contradicciones vitales que literalmente quiebran el cuerpo de los bolivianos. Niños en la calle o en la fábrica, madres sin asistencia y todos los ejemplos que se podrían lograr con una caminata de media hora por las calles de cualquier ciudad boliviana. Una caminata que valdría la realizar aunque para ello tengamos que alejarnos de aquellos barrios en lo que alguien podría estar leyendo a Hegel.
¿Es eso lo que se quiso decir? Si no es así, creo pertinente el sugerir que no se manipulen los conceptos hegelianos sin necesidad. Al menos sin otra necesidad aparente que la desatada por la vanidad.
Si bien es cierto que se puede encontrar en los textos de Hegel algunos elementos que dan lugar a un absolutismo, esto debería entenderse, más bien, como una postura de inamobilidad frente al estado monárquico alemán, considerado como punto cúspide del desarrollo histórico del Estado. Cuando Hegel dijo que el Estado Alemán era la expresión del Espíritu Absoluto buscaba respaldar la forma monárquica unitaria de un Estado Alemán que recién se estaba consolidando. Así, no hay por que buscar en sus conceptos, y menos en el de Espíritu Absoluto, una fundamentación del centralismo o la descentralización.
Por otra parte, combinar una lectura postmoderna de la historia con las categorías hegelianas es arbitrario. Debería reconocerse, que el Espíritu Absoluto, si se quiere hablar de él, es el que guía la historia y el que la dirige hacia su objetivación. Se trata, pues, de un concepto que no se entiende en un marco de distintas historias. Es, entonces, importante desarrollar y utilizar el concepto en su adecuado contexto.
Además del artículo de referencia, es posible encontrar un enmarañado de argumentos y conceptos que se pierden uno al otro en un intento por buscar nuevas explicaciones. Una pugna intelectual en la que lo más rebuscado y exótico gana. Acaso estas discusiones, al final, no hacen otra cosa más que justificar a un conflicto que no es otra cosa que la pugna por la administración de los recursos del Estado. ¿El conflicto no ha surgido en torno a los recursos por IDH, a las atribuciones y presupuestos? ¿Alguien ha escuchado de temas interculturales, de cosmovisión o espirituales ocupando posiciones centrales en las mesas de diálogo y discusión?
Al fin, es más fácil acercar la mirada. Es más fácil lograr la comprensión que brinda el seguimiento de los hechos que buscar la luz en lo recóndito de un pensamiento que no hemos llegado a comprender y que aún así levantamos. No se negará con ello la importancia y consistencia que algunos marcos teóricos pueden brindar en cuanto se los siga con seriedad.
Diego Giacoman A.
martes, 17 de junio de 2008
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3 comentarios:
El articulo de referencia.
LA RAZÓN ABSOLUTA Y SU OBJETIVACIÓN EN BOLIVIA
(Mario Blacutt Mendoza)
Luego de la publicación del artículo “Estado y Nación” en el que se incluía la tesis hegeliana del “Espíritu Nacional”, recibí varios mensajes solicitando una aclaración sobre cómo el “espíritu puede objetivarse”
Prescindiendo del lenguaje filosófico diremos que para Hegel, la Razón subjetiva, una de las tres (junto con la objetiva y la absoluta) se expresa en las manifestaciones del individuo: cada uno se comporta de acuerdo a la evolución de su Razón Subjetiva
La Razón Absoluta (dejaremos de lado la Razón Objetiva) se expresa en la Sociedad-Estado, las que, a su vez se manifiestan en la forma que adquieren las instituciones que la conforman
Para dar un ejemplo práctico en nuestro “aquí y ahora” acudamos a la diferencia que hay entre el modo que tienen de pensar los pueblos originarios acerca de la ley y la justicia, en comparación al modo occidental
Para nosotros, educados a través de los conceptos occidentales, la Ley es la única dimensión que prevalece cuando se trata de establecer la culpabilidad o la inocencia de un acusado
Los aspectos procedimentales deben ser rigurosamente cumplidos para que la autoridad pertinente se pronuncie sobre el particular
Si alguien es declarado culpable por la autoridad competente (un juez o un jurado) lo será sobre la presunción de que se ha seguido todos los procedimientos establecidos por ley para llegar a esa decisión
El cumplimiento de la Ley se vuelve el objetivo principal de un juicio, en desmedro, muchas veces, del objetivo original, esto es, el de hacer justicia, lo que da lugar a que un buen abogado puede liberar a una persona culpable, esgrimiendo el argumento de que no se habría seguido rigurosamente un procedimiento legal
En este caso, “el espíritu absoluto occidental” se expresa en la mistificación de la Ley por encima del deber de alcanzar justicia; la ley, que es un medio, se hace más importante que la justicia, que es el objetivo
En cambio, los pueblos originarios no son muy apegados a los procedimientos; más bien el objetivo primero es el de de “lograr justicia” cuando se presenta un quiebre en las normas que cohesionan las relaciones humanas dentro del grupo
En este caso, la ley queda en segundo plano y el “alcanzar justicia”, en el primero
Si recurriéramos a Hegel, diríamos que una de las manifestaciones del “espíritu absoluto” occidental, se expresaría en las instituciones jurídicas rigurosamente monitoreadas por el cumplimiento de la Ley
En el caso de los pueblos originarios, diríamos que una dimensión de su Espíritu Absoluto se manifestaría en lo que conocemos como “justicia comunitaria”, la que prescinde casi por completo, de los procedimientos y formalidades
Por supuesto que no estamos aquí para juzgar cuál de las dos formas es la mejor, sino para mostrar la diferencia entre dos grupos humanos con percepciones y maneras de comportamiento diferentes
De esta manera, “el Espíritu Absoluto” propuesto por Hegel “se objetiva” en el comportamiento de la Sociedad-Estado y en la forma que adquieren sus instituciones
¿Dónde se encontrará la verdad del proceso evolutivo del Espírito Absoluto? Hegel afirma que debe recurrirse a la Historia, postulado que nos llena de gran satisfacción
Sin embargo, los teóricos debaten sobre la dimensión histórica: ¿hay una sola historia del ser humano con diferentes manifestaciones del Espíritu Absoluto?
¿Hay tantas historias como sociedades-estado existen en el planeta? los que afirman que hay una sola historia del Ser son conocidos como “Universalistas”; los segundos, como “Morfologistas”
En la actual etapa del pensamiento occidental, que se ha denominado “Postmodernista”, los morfologistas se han rebelado en contra de los universalistas, rebelión que ha tomado muchas formas para distinguir a los grupos humanos; entre ellas, la cultura
Particularmente, fiel a mi espíritu de complementariedad, postulo que la Historia del Ser, siendo universal no es, sin embargo, la simple suma de las historias particulares de los grupos humanos, sino la expresión de las intereacciones, especialmente de tipo cultural
Este problema se hace más intrincado en países como el nuestro, en los que hay una gran diversidad de grupos culturales; de ahí las grandes dificultades que tenemos en lograr un “espíritu nacional”, el que debe emerger del sentido de pertenencia a una nueva nación: la Nación Boliviana Consolidada Autonómica
El centralismo estatal sería de tipo hegeliano; en cambio, la autonomía completa, en sus diferentes concepciones, sería una expresión postmoderna de nuestra historia
Por su parte, la Nación Boliviana Consolidada Autonómica, sería una manifestación de la interacción de las culturas, una objetivación de la “Razón Absoluta” sobre la base de esa interacción, en términos de Heguel; mi postulado participa del universalismo y del morfologismo, dando lugar al “Tercero Incluido” en este aspecto
Hay países que no tenían este problema, el de la diversidad; tal era el caso de los nórdicos, por ejemplo, sin embargo el proceso de migración de poblaciones de países subdesarrolladas hacia los desarrollados está obrando como artífice de la creación del problema de la diversidad
Las migraciones pueden cambiar la manera de ser de las naciones anfitrionas y, de este modo, se constituyen en una de las principales razones por las que se recurre a leyes migratorias cada vez más severas
Saludos
Blacutt
La respuesta del aludido
En dos artículo anteriores Estado y Nación y el El Espíritu Absoluto y su Objetivación hice una analogía imaginaria sobre lo que sería el pensamiento de Hegel si fuera aplicado a nuestro país
El señor Diego Giacoman A. ha pretendido hacer una crítica de mi analogía de Hegel pensando que yo estaba hablando de la Razón Práctica de Kant, tal el título de su artículo
Esa es una muestra de dadaísmo extremo, la introducción al mundo de la locura
Eso es como si alguien escribiera sobre las autonomías departamentales o indígenas en Bolivia y otro pretendiera basarse en esas percepciones para criticar la estética de los maoríes, atribuyéndole al primero el haber escrito sobre la estética de los maoríes
¿Que se puede contestar a un absurdo tan grande?
Pues nada; aunque soy muy permeable al intercambio de percepciones, no es posible que deba abandonar mi mundo interno, al que considero muy equilibrado, para introducirme en el entreverado planeta cerebral que bulle en el pretendido crítico
Para poder contestarle sin entrar en el mundo de la locura, es preciso que el señor Giacoman A. de muestras de cordura y apunte al tema al que yo me he referido y si su intervención posterior está limpia de desvaríos, entonces sí podría plantearse la posibilidad de un intercambio adecuado de percepciones teóricas
Como ustedes deben observar, mi indignación es tanta que por primera vez debo acudir a un lenguaje que equipara en adjetivos al de mi crítico de marras
Hay cosas que no se pueden aguantar, por lo que les pido disculpas anticipadas ante esta muestra de justa indignación
Blacutt
Señor Blacutt, no se trata de nada personal. Pero en verdad estoy convencido que los devaneos teoricos pueden hacer más daño que bien al necesario debate político. Es urgente aclarar las cosas e impedir que se confundan más.
Mis respetos,
P.D. No hice referencia a concepto kantiano alguno. Al referirme a razón práctica lo hago en un sentido coloquial. Una dimensión que se debería brindar al debate
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