lunes, 30 de junio de 2008

La irrefutable prueba de la existencia de la nación boliviana (versión preliminar)

Juan Luis Ledezma Vargas

La nación boliviana no existe. Las siguientes líneas pretenden exponer de manera breve los argumentos que demuestran que esa afirmación es falsa y que por consecuencia la nación boliviana existe y, al igual que todas las naciones del mundo en mayor o menor grado, está comprometida en un proceso de reconfiguración permanente.

Básicamente existen dos acepciones de nación, una política y otra étnico/cultural. El concepto de nación política se desarrolló en las revoluciones americana y francesa, y se refiere al conjunto de ciudadanos de cuya soberanía colectiva surge el Estado, que es su expresión política. Este concepto, además, ligaba la nación al territorio, pero no había una conexión lógica entre el cuerpo de ciudadanos de un Estado territorial y la identificación de una nación sobre bases étnicas o lingüísticas. Lo que caracterizaba a ese concepto era el hecho de que representaba el interés común frente al privilegio, siendo las diferencias étnicas totalmente secundarias (Eric Hobsbawm). El otro significado de nación se desarrollará con fuerza en el siglo XIX. Se trata del concepto de lo que se ha llamado nación cultural y que se articulará teóricamente sobre todo en Alemania. Se refiere a la singularidad cultural de una colectividad, el "espíritu del pueblo", donde la nación se constituye en el criterio legítimo para delimitar las organizaciones políticas, entre otras razones, porque se cree indispensable el disfrute de un Estado propio como garantía de lo que pasa a convertirse en el valor superior de la colectividad: “la personalidad diferenciada del pueblo”. El protagonista en este nuevo concepto de nación, es la etnia (Andrés de BIas).

Las dos acepciones de nación son útiles para entender su dualidad en los sistemas políticos del presente. El concepto de nación política ha estado en la base de los procesos de legitimación de los sistemas democráticos y el concepto de nación cultural constituye un elemento central de los nacionalismos étnicos (ej. Pais Vasco). Ambos aparecen mezclados en numerosas ocasiones ya que el concepto de nación política también asume en muchos casos elementos de la nación cultural.

Para entender la realidad boliviana (y cualquier otra) es preciso diferenciar el concepto nación de otro muy relacionado a él: identidad.

La identidad está en la base de toda asociación de personas. En todo grupo humano se genera una identidad que no debe ser confundida con el concepto de nación. Las identidades son de distinto origen: familiares, étnicas, religiosas, nacionales, regionales, locales, políticas, culturales, sexuales y una larga lista. Manuel Castells define tres tipos de identidades: a) la identidad de legitimación, es aquella que ha triunfado en algún momento de la historia y en torno a la cual se han construido las instituciones de la sociedad, viene de arriba hacia abajo, b) la identidad de resistencia, observada en actores que se encuentran en situaciones de desventaja y muchas veces de sobajamiento, c) la identidad proyecto, que es la que se construye cuando los actores sociales elaboran un sentido del ser a partir de los elementos culturales que tienen a su alcance. Generalmente la identidad como proyecto también tiene elementos de las otras dos, pero es algo más, es como Castells lo dice: un proyecto, y un proyecto siempre implica dedicación y trabajo.

Las sociedades se están reconstruyendo permanentemente con elementos del pasado, del presente y también del futuro, no son estáticas. Si bien en este proceso puede encontrarse un elemento permanete, que tiene que ver con los recuerdos de situaciones pasadas (políticas, culturales, etc.), también se encuentra un elemento de cambio, de asimilación de las cosas que llegan del entorno. Las identidades son construcciones sociales, donde distintos actores intervienen para definirlas. El hecho es que no todos los actores tienen la misma influencia en esa configuración de la identidad.

En las regiones de Bolivia la construcción de la identidad a sido dirigida por los actores con mayor capacidad de influencia en ambitos políticos, económicos y sociales (principalmente: medios de comunicación privados y estatales, asociaciones empresariales, cívicas, sindicales, autoridades indígenas). Estos actores, gracias a esa capacidad de influencia, han sido los que han definido el elemento constante de la identidad predominante en su respectiva región –es decir el elemento condicionado por las experiencias pasadas como comunidad, su historia, sus tradiones en música, cosina, forma de hablar, etc.– el cual utilizaron como filtro de los elementos que llegaban “de afuera”, para así asegurar una identidad que les permita ser reconocidos como un grupo cultural diferenciado, dentro de Bolivia, pero con valores, normas y códigos de conducta propios de su región o de su cultura indígena originaria; y cuanto más arraigada está una identidad, más fuerza tiene en la decisión individual de sentirse parte de esa identidad. Y cuando quienes sientan una identidad no la vean reflejada en las instituciones, todo se pone en cuestión. Eso ha pasado con las personas que toda su vida han visto al Estado como algo ajeno a su identidad indígena, y pasa con las personas que ven con recelo una transformación del Estado que no respete su identidad predominantemente occidental.

En Bolivia co-existen identidades de direfente origen y tipo, pero la identidad nacional boliviana que triunfó en un momento histórico conocido (1825) y que formó el Estado boliviano, es a pesar de su origen criollo-mestizo, la identidad predominante en Bolivia gracias a su desarrollo histórico (revolución del 52, participación popular en 1994, elección de un presidente indígena el 2005) en un proceso gradual de integración -aún en construcción- de actores marginados de ese momeno histórico (indígenas) y actores nuevos (migraciónes). Esto se hace evidente cuando se ve los resultados de las encuestas (a pesar de la diversidad 94% de los bolivianos se siente, en alguna medida, boliviano. PNUD, idh 2007) y cuando se analiza el discurso de los líderes regionales e indígenas y las propuestas autonómicas, que hacen incapié en su deseo de mayor autonomía, sin que ello signifique dejar de ser parte de Bolivia.

Por lo anotado se concluye que la nación boliviana existe, está respaldada por una identidad nacional predominante y relacionada jurídicamente a los habitantes del territorio donde ha formado su expresión política (Estado). La prueba, estimado ciudadano: su cédula de identidad.

Junio 2008.

martes, 17 de junio de 2008

La razón práctica y su limitación en Bolivia

Las líneas que siguen se han escrito a partir de la motivación que ha despertado la lectura del articulo “La razón absoluta y su objetivación en Bolivia” de Mario Blacutt Mendoza. Aquella, una secuencia clara de ideas sintéticas que inducen a una abstracción que aleja de toda comprensión de los hechos reales. Ahora, sigue, no una iluminación excepcional, sólo, algunas reseñas necesarias para evadir agravantes en la confusión ya existente en el debate sobre lo nacional.
Aclaremos y recordemos, primero, el significado y contenido de la categoría hegeliana de “Espíritu Absoluto”. Una categoría que resulta de un sistema filosófico que interpreta la historia como un proceso de evolución cíclica, dialéctica, en el que se define el destino de las formas sociales y subjetivas de los hombres. En esta historia evolutiva se llega a la cúspide, al momento más elevado, cuando el “Espíritu Absoluto” se encuentra a sí mismo en el Estado. Cuando el espíritu se objetiva en el Estado. Se hablaría pues del fin de la historia, del punto más avanzado y evolucionado de la historia. Desde la visión idealista de Hegel se llegará a este momento porque "una voluntad divina rige poderosa el mundo" y tiene "un fin universal". En términos más coloquiales diríamos que el Estado es dirigido por Dios para lograr su forma perfecta. Así, al leerse “la nación boliviana consolidad autonómica es la objetivación el Espíritu Absoluto”, se esta leyendo que el Estado Boliviano Autonómico es el que Dios ha buscado. Se dice que el Estado ha alcanzado su forma perfecta, que se habría llegado a una suerte de edad de oro para la sociedad. Se nos esta diciendo que los estatutos autonómicos son la expresión de una razón que ha logrado encontrarse a si misma, una suerte de texto divino inspirado por el Espíritu Absoluto para instaurar un Estado omnipotente. "El Estado, las leyes y las instituciones son suyas; suyos son los derechos, la propiedad exterior sobre la naturaleza, el suelo, las montañas, el aire y las aguas, esto es, la comarca, la patria.” No podemos dudar de una razón humana que ha logrado su más alta expresión encontrando a Dios. ¡Alegrémonos, sucedió en Santa Cruz!
Algo similar fue propuesto por los indigenistas y seguidores del MAS, hace algunos meses, aunque sin sofisticación intelectual, cuando anunciaron el advenimiento del Pachakuti. La reconstitución del mundo andino como retorno al tiempo original.
Entonces, según las afirmaciones de Blacutt, con las autonomías la razón se ha encontrado a sí misma, lo que supone que toda contradicción ha quedado resuelta. ¿Es posible que alguien crea que es este el significado de la autonomía en Bolivia? Acaso, además de las contradicciones regionales, que no expresan más que intereses de fracciones sociales y grupos políticos, no existen contradicciones vitales que literalmente quiebran el cuerpo de los bolivianos. Niños en la calle o en la fábrica, madres sin asistencia y todos los ejemplos que se podrían lograr con una caminata de media hora por las calles de cualquier ciudad boliviana. Una caminata que valdría la realizar aunque para ello tengamos que alejarnos de aquellos barrios en lo que alguien podría estar leyendo a Hegel.
¿Es eso lo que se quiso decir? Si no es así, creo pertinente el sugerir que no se manipulen los conceptos hegelianos sin necesidad. Al menos sin otra necesidad aparente que la desatada por la vanidad.
Si bien es cierto que se puede encontrar en los textos de Hegel algunos elementos que dan lugar a un absolutismo, esto debería entenderse, más bien, como una postura de inamobilidad frente al estado monárquico alemán, considerado como punto cúspide del desarrollo histórico del Estado. Cuando Hegel dijo que el Estado Alemán era la expresión del Espíritu Absoluto buscaba respaldar la forma monárquica unitaria de un Estado Alemán que recién se estaba consolidando. Así, no hay por que buscar en sus conceptos, y menos en el de Espíritu Absoluto, una fundamentación del centralismo o la descentralización.
Por otra parte, combinar una lectura postmoderna de la historia con las categorías hegelianas es arbitrario. Debería reconocerse, que el Espíritu Absoluto, si se quiere hablar de él, es el que guía la historia y el que la dirige hacia su objetivación. Se trata, pues, de un concepto que no se entiende en un marco de distintas historias. Es, entonces, importante desarrollar y utilizar el concepto en su adecuado contexto.
Además del artículo de referencia, es posible encontrar un enmarañado de argumentos y conceptos que se pierden uno al otro en un intento por buscar nuevas explicaciones. Una pugna intelectual en la que lo más rebuscado y exótico gana. Acaso estas discusiones, al final, no hacen otra cosa más que justificar a un conflicto que no es otra cosa que la pugna por la administración de los recursos del Estado. ¿El conflicto no ha surgido en torno a los recursos por IDH, a las atribuciones y presupuestos? ¿Alguien ha escuchado de temas interculturales, de cosmovisión o espirituales ocupando posiciones centrales en las mesas de diálogo y discusión?
Al fin, es más fácil acercar la mirada. Es más fácil lograr la comprensión que brinda el seguimiento de los hechos que buscar la luz en lo recóndito de un pensamiento que no hemos llegado a comprender y que aún así levantamos. No se negará con ello la importancia y consistencia que algunos marcos teóricos pueden brindar en cuanto se los siga con seriedad.

Diego Giacoman A.

lunes, 2 de junio de 2008

Un momento fuera de la granja. J. J. Anaya Giorgis

Camino bordeando un muro viejo de ladrillo, es una cuadra larga, por lo que miro resignado las manchas de humedad que las lluvias formaron durante décadas de olvido. Para mi sorpresa, de pronto me doy cuenta que una de ellas oscila como las ondas de un estanque y, antes de que pueda darme cuenta lo que pasa, comienzan a salir hombrecillos por el hoyo que con gestos me invitan a pasar.

¡Cielos!, una dimensión paralela, no lo pienso e ingreso por el hoyo. Es mejor que no cuente todo lo que vi, porque difícilmente lo creerían, floridos prados, árboles cargados con frutas olorosas y aún más en jovencitas hermosas como vinieron al mundo… y eso era solo el principio de la maravilla. Entonces, la radio se encendió sola, está programada para hacerlo todos los días a las 7:00 a.m. Me resisto a obedecerla, todavía quiero seguir un poco más en la otra dimensión, pero ponen de nuevo aquel espantoso comercial que te habla sobre la belleza de la vida en las pequeñas cosas y rematan con un coro diciendo ¡pura vida!¡estamos contra las drogas!, así que no tengo más remedio que levantarme de un salto y la apago justo antes de esa última parte.

Debería existir un término para nombrar tanta estupidez, me digo a mí mismo mientras voy a la ducha, ojala se abriera una grieta y se tragase la estupidez de la tierra, aunque tenga que llevarse consigo a media humanidad. No reflexiono más, tengo prisa, hoy quiero llegar temprano al trabajo, prender las luces.

Tomo un taxi, cruza la ciudad medio vacía, da vuelta por la estación de tren y, para mi sorpresa, aparece el muro del sueño, alto le digo al conductor, y me bajo buscando manchas de humedad, todo figura igual, menos por los duendes. No importa, no existen los milagros, la cuadra está poblada de frondosos árboles, no se de cual especie, tampoco importa, los pájaros trinan en las copas y sopla fresca la brisa, se oye el rumor del viento entre las hojas, cierro los ojos un instante y nada más escucho.

Primera entrada

Estas líneas propuestas por Juan Luis, pueden dar las primeras pautas.

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